martes, 26 de agosto de 2014

De generosos y generosidades



Amo las palabras, su contenido gramatical, semántico, semiótico, cuando se utilizan falsamente me parece aleve traición al idioma y grosera manipulación de la realidad. La palabra generosidad, sonora y bella al oído, es manoseada ante cualquier acto de aparente desprendimiento de un individuo, sin pensar en el alcance o en la intención. 

Los Caballeros de la Mesa Redonda, entregados al servicio de Camelot, paradigma de generosidad



















El diccionario nos dice desde la gramática que la generosidad es la “inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad  al interés”, en otra acepción que complementa la anterior es “largueza, liberalidad”. El significado de la palabra encierra un desprendimiento natural de algo que nos es preciado en favor de otro, no se puede entender como una obligación o deber, porque aquí se desfiguraría la genuina voluntad de dar, entregar, compartir, sería algo así como solicitar que amarren a un generoso para que colabore, el acto de generosidad es ante todo libre, volitivo, natural, no tiene afeites ni segundas intenciones, es dar por el gusto visceral de hacerlo.

Algunos dicen que la generosidad es una virtud, pero como la palabrita se desprestigió tanto a partir del maniqueísmo y la tradición judeo-cristiana, la utilizaron para describir lo “bueno” y lo “bondadoso” con su sesgada lente (recordemos no más lo que era una mujer virtuosa: abnegada, conforme, sufrida, sometida) y la impusieron como requisito para alcanzar glorias eternas y etéreas,  prefiero sopesarla como un valor humanista,  como un atributo que contribuye al arte de vivir como humanos dignos y útiles.
"Todos para uno y uno para todos", de eso se trata.

La generosidad vale por la generosidad misma, cualquier variable que altere esta premisa desfigura el acto que pretende ser generoso y no hablamos solo de generosidades materiales, adjetivas, secundarias, las que resultan a veces solo como corolario de la largueza de alma, de la amplitud del espíritu o de la conciencia, como lo quieran llamar. Si aterrizamos esta altruista teoría sobre la práctica, nos encontraremos que la generosidad es bien escaso; el entorno, el miedo, la crianza egoísta, el ego, o simplemente la mala leche que abunda en el corazón humano, no la dejan florecer.

Una vieja canción protesta decía “no hay que dar de lo que sobra sino lo que está faltando” lo que es una verdad de a puño; muy pendejo era el aficionado al bolero que decía “el tiempo que te quede libre, si te es posible dedícalo a mí”, ese inseguro y de baja auto-estima no trataba con un ser generoso; el que da lo que le estorba, lo que ya no necesita, no ejecuta un acto generoso, ese lo que está haciendo es aseo. El que es avaro con el tiempo de acompañar, con su capacidad de apoyo, con su voz de aliento, es mezquino, así se escude en el trabajo o en la protección de sus emociones, termina siendo estorbo porque “quien no vive para servir no sirve para vivir”.

El que ayuda a otro para que lo vean es simplemente un exhibicionista o un adicto al protagonismo; el que lo hace para rebajar impuestos o para maquillar su dudosa reputación es un farsante; el que regala y reparte dádivas para presumir y empequeñecer a los demás o para quedar bien con la familia y la sociedad es un completo falsario.
El bello y generoso mito mariano, ilustrado por Da Vinci

Entonces ocurrió lo inevitable, me encontré con la pregunta del millón ¿soy generosa? Y mi balance resulto aceptable, con tendencia al alza. En mi no sería virtud, la vida me premió con una infancia abundante en el sentido más integral de la palabra; la abuela que me crió era libertaria, liberal, amplia, de mente abierta y con la faltriquera llena; para mí la vida es de compartir lo que se tiene por crianza, no sufrí de hambre ni moral ni material, quedé salvada de la tacañería que queda como impronta cuando se tienen hambres viejas.

Las iglesias cristianas, en especial la católica que sufrí y dejé, no habla de generosidad, el vocablo que utiliza es el de misericordia lo cual me parece un arma de doble filo porque encierra un concepto amañado. Según mi amigo el diccionario, la misericordia es “Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos” y como atributo divino la define como “Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.”, infiero sin mayor trabajo neuronal, que la misericordia se refiere a ayudar al que es menos, al miserable, al pecador, al necesitado; en tanto que la generosidad es de corte humanista y se ejerce horizontalmente, la misericordia es de corte religioso y se ejerce verticalmente, el de arriba, el poderoso, el santón, subsidia o subsana miserias ajenas, bajezas de “inferiores”.

El "misericordioso" Epulón mira desde su altura al "miserable" Lázaro
No obstante, en alguna medida existe bondad en las llamadas obras de misericordia corporales de la iglesia católica (aunque la mera fórmula me produce urticaria), la imagen que me viene a la mente es la del rico Epulón dejando caer sus migajas para que las recogiera el pobre Lázaro, pero bueno yo he sido eficaz en tornar a mi favor algunas de las cosas que de buena fe, pero de forma inconveniente me enseñaron, como me pasa con los llamados pecados capitales (buen inventario de las pasiones humanas cocinado a partir del morbo eclesiástico) que me sirven para mis catarsis, adaptados a las confesiones de una anarquista; en este caso sopeso como estoy de avaricia.

Las obras de misericordia corporales de los católicos que observo cumplen poco los creyentes, son:

  •  Dar de comer al hambriento
  • Dar de beber al sediento
  • Vestir al desnudo
  • Acoger al forastero
  •  Liberar al cautivo
  • Visitar al enfermo
  • Enterrar a los muertos
Aquí salta de bulto que la obra misericordiosa debe tener como destinatario el sujeto necesitado, lo que me parece rescatable, no como sucede a menudo y casi que en forma inconsciente, el “generoso” atiende a la tribuna para su conveniencia: sucede a menudo que las liberalidades y atenciones se tienen con el “jefe”, con el funcionario público, con el que resulta oportuno granjearse por razones sociales o de negocios, esta es la fórmula usual de “generosidad” del arribista, del inseguro, del lambón.

La iglesia si se pifió totalmente con sus obras de misericordia espirituales que son:

ü  Poner en el buen camino al pecador
ü  Enseñar al que no sabe
ü  Aconsejar bien a quien duda
ü  Consolar al triste
ü  Soportar pacientemente a quienes nos molestan
ü  Perdonar de corazón
ü  Orar por los vivos y los difuntos.

Sopesadas con la lente humanista, dentro del contexto de la reflexión ética, el respeto y la tolerancia, estas obrillas devienen en una lista de chequeo para irrespetar al prójimo, al otro; quien las practica parte de la apreciación y valoración subjetiva de su superioridad: se siente libre de pecado y seguro de su sapiencia, esta es la raíz del  miedo cerval y la desconfianza total, que me producen pastores, curas, rabinos, ulemas y demás que ejercen el rol de poseedores de la verdad y dueños de lo “correcto”, son más peligrosos que pirómano con fabrica de fuegos fatuos.

A quien, con un mínimo de camino en la construcción del respeto, se le ocurre calificar como mejor lo suyo que lo del vecino ¿a cuenta de que?. Es en estas llamadas obras de misericordia espirituales que se escudan los que no quieren reconocer las diferencia,  las alternativas y los distintos caminos que cada quien opta para llegar al propio corazón.

Cultivo la generosidad porque me satisface y adorna mi morada interior, me siento feliz y útil, aprendí a contemplarla en todo su esplendor y me reconforta, la encuentro más a menudo en las personas de escasos recursos materiales, comparten con alegría su pan y su mesa, su techo y el calor de su hogar; la encuentro vívida en quienes viven atentos a su de-construcción, a su reflexión filosófica y bastante difusa, mal interpretada y aplicada entre aquellos para quienes el norte es el ánimo de lucro y su oficio es mas el de acumular que el de compartir.

Mi utopía: que globalicemos la generosidad…………





domingo, 6 de abril de 2014

DEL SÍNDROME DE LARBIN O LA SERVIDUMBRE PATOLÓGICA

Cómo yo tengo par síndromes y una que otra neurosis, leo con avidez lo que de estos temas se me cruza, me sirve para ir dejando el capullo de mi propia estupidez, dejar de ser sujeto de psiquiatras y psicólogos y desplegar mis alas en pos de lo único que para mí vale la pena: LA LIBERTAD, entendida como esa autonomía del ser maduro y evolucionado que le permite optar, elegir, y si acaso, ser útil y feliz.

Apelo a las secuelas que aún quedan de mi formación escolástica, las sazono con irreverencia e iconoclasia y me atrevo a concretar una definición del Síndrome de Larbin: - El síndrome de títere o de lacayo es un comportamiento patológico que ataca principalmente al individuo con baja auto-estima y con proclividad al servilismo y a la adulación, le disminuye su capacidad de análisis crítico, lo bloquea y se traduce en que su actuar es contrario a su dignidad e intereses, defendiendo en cambio los intereses de los que detentan la riqueza y el poder u otros anti-valores que llega a considerar como indispensables (altura social, fama….), así ello conlleve su propia explotación e indignidad-.

Esta vaina me cayó como anillo al dedo bajo dos perspectivas útiles: la primera, yo no sufro de este síndrome, asunto que me alegró; la segunda, me parece que aqueja a buen número de humanos los cuales no son conscientes de su pauperización mental llevándolos a ser sujetos débiles, engrosadores de la masa autómata que degrada la especie y la sociedad.

Los individuos de acendrada religiosidad y poca estructura espiritual lo padecen al deferir la concreción de sus propios valores al líder religioso o al mesías optado sin mayor trabajo cerebral, en su propio detrimento y lo que es peor en menoscabo del respeto y la tolerancia que le deben al que en este sentido piensa distinto; en el síndrome de Larbin se asientan buena parte de los prejuicios que nos aquejan a los humanos y nos impiden ser felices y esto no lo digo yo, ni mas faltaba, sino los que saben, los especialistas.

Se manifiesta también en individuos sometidos a jerarquías castrenses y draconianas (legales o ilegales), en donde el reiterado, “si mi cabo” “si mi sargento”, “sí mi mayor”, “sí mi comandante” termina por secar la materia gris y llevar a la enajenación del propio ser y de la propia identidad. Observen y verán…..solo observen, en nuestro medio el panorama es amplio doloroso y violento, entre legales e ilegales tenemos más de cuatro organizaciones de camuflado, verdaderas máquinas de forjar la servidumbre patológica…. ¿o no?  

Los cónyuges sometidos al poder físico o psicológico del otro pueden llegar a desarrollar el síndrome del sometimiento y el servilismo y se distinguen por que tienen mirada porcina y triste, piel amarillenta y frustración permanente lo que los hace proclives a joder (en la acepción aburridora) a los demás en un inconsciente mecanismo de desahogo. No sé por qué me pongo a pensar en el pobre señor Tatcher o en algunas cabizbajas señoras sometidas frente a su maridos o viceversa o el sometedor mismo frente a sus jefes; esto parece que desarrolla lo que llamamos un círculo vicioso.

Aquellos que a toda hora musitan “mi jefe dijo”, “mi jefe decidió”, “mi jefe ordenó”, bien pudieran padecerlo, una revisadita psiquiátrica y un examen personal no les caería mal, en fin que cada uno se revisará cuando le dé la gana o cuando el dolor y la indignidad lo agobien, me consta, con estas mismas motivaciones me aproximo a mi propia deconstrucción y no me avergüenza reconocerlo, por el contrario me miro al espejo y me digo: “negrura querida (así me decía mi madre), puedes cambiar, si quieres y reconoces las falencias”. Yo particularmente no reconozco jefes, sino responsabilidades frente a gestiones que me encargan. A los que el “poder” los deslumbra puede llegar a quedar descrestados con cualquier pinche alcalde de pueblo. Particularmente, cuando veo a la masa adorar al caudillo o al gamonal de turno pienso en un dicho básico y gráfico que  servía de argumento a mi papá “a santo que caga y mea, el diablo que se la crea”.

Los que se tragan el cuento que los pergaminos existen y que las noblezas y blasones son reales en otros, están casi que condenados a ser lambones y aduladores, arribistas o snob, actitudes que ponen en la antesala del síndrome de Larbin; los que quieren pertenecer al jet set (¿para qué carajo sirve?), a la “crema y nata”, al curubito social, esos que mantienen expuestas sus fotos con personajes y personajillos, bien pudieran padecer también del síndrome de Larbin. Lo que sí es seguro es que no se han dado cuenta que el genoma humano es idéntico para toda la especie y lo demás son cuentos medievales, se los digo yo que he trasegado por la mata de la exclusión y por el humanismo de la inclusión y es en este último estadio en donde he podido acercarme en alguna medida a la excelencia humanística……ahhhhh y me he librado de ambientes hipócritas y aparentadores donde las neuronas brillan por su ausencia.

Seguiré investigando sobre el tema, no me crean, cerciórese cada uno, por ahora quedan inquietudes ¿qué tal que descubramos que existen tratamientos contra la estupidez, la imbecilidad y la güevonada? Podríamos estar salvados.



http://juanitoguanabacoa.wordpress.com/2012/09/05/el-sindrome-del-criado-marioneta-titere-bien-criado-la-salud-publica-y-el-contrasentido/

http://www.agoravox.fr/Actualites/politique/article/le-Syndrome-du-larbin-76062

domingo, 23 de febrero de 2014

EL ESPLENDOR DE LA VIDA MADURA


Amor
En el subdesarrollado trópico hemos vivido de mitos, caldo de cultivo ha sido la tradición judeo-cristiana, el vudú, la santería y demás  muletas que han servido para huirle a las verdades de la biología, la antropología, a las ideas de la evolución, la de-construcción y el pensamiento complejo. Todos estos mitos hacen parecer el mundo dualista, de buenos o malos, blanco o negro, de verdades absolutas, siempre en contra de lo bello y verdadero que tenemos los seres humanos, las personas.

Uno de los más satanizados ha sido nuestro cuerpo, con sus pasiones y deseos, con sus movimientos emocionales y hormonales; sabido es y de ello me alegro, que somos una especie (no sé si la única) que puede trascender el apareamiento meramente biológico, como recurso de nuestra estirpe para la sobrevivencia y pasar al sexo por amor, por placer, por calor humano y requerimiento de abrazos.

Los jóvenes no pueden sustraerse de las hormonas en ebullición, en cambio en la edad madura y con patente de corso a bordo, sí que podemos disfrutar de nuestra sexualidad y nuestra sensualidad a discreción, en forma pausada pero no por ello menos abrazadora y pasional, con la garantía de la selectividad y de la opción sexual preferida, cualquiera que ella sea. La sociedad pacata y parroquial, los jóvenes en su ignorancia e indolencia y las familias equivocadas a punta de religiosidades creen que los adultos después de los sesenta somos asexuados y se equivocan, nada más lejos de la verdad.

Las miradas mas allá de toda duda
La belleza está en los ojos que aman
Siento verdadera lástima por los jóvenes que se ponen metas arquetípicas e impuestas sobre sus físicos y el más feo se tiene que parecer por lo menos a Brad Pitt o a una anoréxica modelo, so pena de quedar por fuera del mercado sexual o de la casta de “los populares”, cosa distinta los hace objeto de desprecio y matoneo; eso no pasa en la madurez, la ausencia de tono muscular y medidas perfectas la sustituye en buena hora, la chispa, el ingenio, la inteligencia, el afecto, la conversación; el cuerpo amado se observa y se degusta mas allá de lo meramente físico lo que es humano y digno.

Flaco favor nos han hecho esos cuentos de que el cuerpo humano es pecaminoso, esos cuentos que exaltan la castidad a ultranza e impuesta, la historia nos demuestra que aquellos que amordazan sus genitales y desconocen sus deseos terminan explotando en pederastia y violaciones, en verdaderas deformaciones de sus propios afectos. Nuestro cuerpo, nuestras emociones merecen respeto y reconocimiento.

Naturalmente que aceptarnos con el paso del tiempo requiere de sabiduría y de superar lo prosaico dándole privilegio a lo superior, a lo verdadero, a lo perdurable; no se de que podrán hablar los "viejos verdes" o las "viejas verdes" con sus elegidos, ni como morigerar el oso monumental que acarrean; casi siempre en estas disparejas hay otros intereses de por medio, lejanos del amor y el afecto verdaderos.

La gente madura, en el mejor sentido de la palabra, sabe que soltarse el moño y liberar a las pelotas es un derecho inalienable; a saltarse a la torera las estúpidas convenciones que quieren institucionalizar que a los sexagenarios se nos acabó la gracia, la pasión y la capacidad de lujuria.



martes, 2 de abril de 2013


REFLEXIONES NON SANCTAS  DE SEMANA SANTA


Dice el diccionario de la Real Academia, que la palabra SANTO, como adjetivo, significa “Perfecto y libre de toda culpa”, de donde resulta fácil concluir que en este mundo de la especie humana no hay santos y el que se lo crea, adolece de una soberbia irredenta, lo que de suyo lo descalifica para aplicar al santoral. De manera que la reflexión en primera persona y desde la imperfección que me caracteriza, es lo que hoy considero válido, sin absolutos y con disposición a cambiar la perspectiva si las circunstancias lo ameritan, de manera que ni yo misma me la creo mucho, porque soy una especie de voltiarepas, eso sí, apoyada en la razón y la sinapsis. ¿Entienden porque me parece irresponsable dar consejos, ejemplo, recomendar religiones, filosofías o creerme dueña de la verdad?

Seguramente si hubiera podido vivir frente al mar, en un pent-house pagado por un marido generoso, si me hubiera adaptado a la sociedad de consumo, miraría las personas reflexivas, las que dicen verdades, las que miran con perspectivas distintas a las de la masa, como bichos raros, cuando no insanos mentalmente; felizmente no fue así, la vida me impuso la necesidad de revisarme, de examinarme, de deconstruirme, para aceptar pasablemente la angustia de vivir.

Las pobres almas del purgatorio 
No siempre fue así, dentro de mí aún vive esa niña a quien mi nona Carmelita vestía con un abriguito blanco, con guantes blancos, los jueves santos en Pamplona, para que la acompañara a arreglar el Santo Sepulcro que saldría en la procesión del viernes, labor que realizó gustosa y de su propio peculio, por más de veinte años. Llena de fervor la ayudaba en silencio con las canastas de azucenas, los ramos de tul y los perfumes paganos con los que rociaba la imagen; desde entonces me sentía confundida y amilanada por tanta sangre y sufrimiento y desde entonces me gustó más el Jesús vivo y hermoso del Sermón de la Montaña.


Lo primero que no entendí es que Dios recreara tanto dolor y sufrimiento, tanto castigo y culpa, tanto remordimiento y llanto; cuando entraba a una habitación que en la casa de la Calle Real  la abuela tenía destinada para altar y santos, me repugnaba un cuadro de unos seres atormentados entre llamas, que imploraban ser sacados de allí: eran las almas del purgatorio; me producía escozor una imagen del Sagrado Corazón con la víscera cardíaca expuesta y sangrante por cuenta de mis culpas y pecados y de las culpas y pecados de todo el género humano y empecé a pensar que si tuvo en sus manos hacernos perfectos, lo que le había resultado era toda una chambonada, por lo menos en lo que a mí me correspondía, llena de miedos, de inseguridades, de incredulidades y por lo que correspondía a los seres de mi entorno, excluyentes y poco dados al prójimo incondicionalmente.

Pero la nona y mi mamá que se ocupaban no solo de mi salud moral, sino de mi salud intelectual, antes de que cumpliera los ocho años, ya me habían regalado dos libros que dispusieron mi ánimo para la lectura: uno era “Las Mil y una Noches” en una edición preciosa y bellamente ilustrada, que conservo y el otro “Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica” que vi por última vez  en Iscalá.

Thor y su invencible martillo
Me di cuenta que era católica, apostólica y romana por cuenta de la crianza y la latitud, pero que seguramente sería anglicana si fuera inglesa, luterana si fuera alemana, creería en Thor si hubiera sido vikinga o en Zeus y compañía si hubiera sido griega en la antigüedad y que no era politeísta como mis ancestros aborígenes, simplemente porque la conquista de América, a punta de cruz y de espada, había hecho de mí, otra cosa.

Lo único que verdaderamente pude deducir, con cierta certeza que me reconfortaba, era que los seres humanos, en donde quiera que estuviesen, cualquiera fuera su cultura, su etnia o su asentamiento geográfico, habían acomodado dioses, creaciones y orígenes, para suplir sus necesidades emocionales; yo ya no era tan rara, ni tan solitaria, ni tan pesimista, aprendí que no había dioses temibles, ni cielo, ni infierno, ni verdades absolutas y que el mito era una simple invención humana o cuando mucho un relato maravilloso y épico, que nada tenía que ver con la historia, ni los hechos reales, protagonizada por seres de carácter divino o heroico, que daba respuestas irreales a lo que los seres humanos no alcanzábamos a comprender, aún a costa de calumniar a dioses y de inventarles falencias humanas.

Zeus y Hera

Entendí que lo verdaderamente importante era la convivencia pacífica y que debía estructurar mi vida alrededor del respeto y la tolerancia, encontré en la filosofía y el conocimiento, el humanismo que buscaba para mí, aprendí que el mundo no se creó en seis días, sino que cada día cambia, se recrea, evoluciona y que yo soy la medida de todas las cosas. Me respaldaban los científicos, la física, la astronomía y eso me producía consuelo, alivio y en buena mediad un sentido de la vida, que no lo tiene per se, que me corresponde a mi buscar, explorar, concluir.

Ni era hija de Dios, ni heredera del cielo, falacias que nos hicieron equivocar el camino, era simplemente un eslabón más en la cadena de la vida, parte del paisaje, que cada día cambia y evoluciona, no estaba completa por tener la vida biológica y si quería caminar en pos de la excelencia humana, debía hacerme yo misma los acabados de la mejor manera posible, única forma de trascender, sino como individuo, por lo menos como especie.

En esta Semana Santa de los católicos,  frente a la perfección de la naturaleza, me he sentido incrédula, libre y orgullosamente anárquica e iconoclasta, un poco pérdida sí, pero el Darwin me dio una inmensa esperanza: no es que pertenezca a una especie monstruosa por la violencia y la intolerancia, es que somos muy jóvenes sobre la tierra, vamos en proceso de cambio, en fin que esta debacle se compone, me basta con cambiarla para mí misma superando perjuicios que son de suyo imbéciles y alejados de toda inteligencia y yo que creo poco y en lo poco que creo creo poco, de verdad que creo en la inteligencia, lo que la contradiga, es perverso.






jueves, 29 de noviembre de 2012

LAS DELICIAS DE LA VIDA SENCILLA



Iscalá
El entorno consumista, la insana competencia, la atractiva y falaz publicidad, los medios, el deseo de aceptación, los estereotipos perversos de éxito y belleza, todo se confabuló contra el verdadero paraíso que es la vida sencilla; el desplome del sueño americano ocurrió porque invirtió el binomio SER-TENER por el de TENER-SER y entonces fue la debacle del mundo interior del individuo que es donde se construye la felicidad.

Desde siempre he vinculado la presencia de la felicidad con un entorno bucólico y pastoril como fue el entorno de mi infancia a la que recurro para recuperar la alegría de la vida natural y simple; pretender adaptarme y entender el mundo de la competitividad, del cemento, de lo externo, de lo vano, de lo fútil, de la forma, de lo estereotipado, me produjo insanía mental e infelicidad sin cuento.

utensilios con alma
Aprender a vivir el momento presente que un entorno tele-transportador me quiere robar permanentemente, ha sido el mejor de mis éxitos, me he sobrevivido a mí misma y he rebasado  prejuicios y dogmas que me empujaban a seguir un derrotero infernal: estudie, pero no para la satisfacción personal sino para ser mas competente y competitiva frente al otro; busque pareja, no para compartir y caminar la vida, sino para exhibirla como un arete por su posición social y su cuenta corriente, para que provea, para que cubra necesidades; tenga casa, carro y bienes para exhibir; amigos para utilizar; manténgase bella y joven para que la amen; viva proyectada al futuro, la seguridad está en los bienes materiales y en los contactos sociales……y así ad infinitum, todo en pro de lo ostentable, lo medible, lo aparente…..el horror, el infierno, la ignominia, la indignidad. Entenderlo me ha costado, pero aquí estoy viva, disfrutando de este sencillo momento de soledad e intimidad que alumbra una mañana azul, en donde siento el latido de mi propio corazón.

Veo gente que vive en casas llenas de cosas innecesarias, adquiridas para mostrarlas a otros, la mayoría de las veces sin los dictados del buen gusto, en donde todo es aparente y engañoso,  sin alma. Estar al servicio de las cosas aliena y trae infelicidad, el esnobismo, la pedantería del dinero y el arribismo social son de una imbecilidad que me causa lástima, son personas verdaderamente infelices que no soporto sino en mínimas dosis y eso echando mano de la compasión budista. En cambio, cuanta paz y bien trae a mi vida el contacto con los seres que saben que el dinero y los bienes materiales son servidores, no amos; en la medida en que lo entiendo y lo vivo, aligero mi equipaje y necesito menos.

El rincón de lectura
La belleza es algo que brota de dentro hacia afuera, para que florezca requiero solo de paz y serenidad, yo que soy el mejor conejillo de indias de mi laboratorio existencial lo he comprobado de primera mano; cuando juiciosamente me quiero y me cultivo, el espejo me devuelve unos ojos vivos y apacibles, una sonrisa satisfecha, una piel llena de vida; si hago dieta adecuada, si selecciono lo que me como, mi cuerpo agradecido retoma sus formas; si no me detengo en pensamientos tóxicos, si me rodeo de aquello que amo y me conviene, si me fundo con la naturaleza, experimento a una mujer que en el otoño de la vida comparte con el universo la belleza de lo adecuado y lo vital.

El herbario
El facilismo es inocuo, inane, de nada me sirve caminar con tenis adelgazantes sino no hago dieta y ejercicio; el botox y los arreglos quirúrgicos son costosos, innecesarios e inconvenientes, constituyen una especie de indignidad del presente, me basta mirar esos pobres seres desgastados por el esfuerzo de aparentar, con rostros inflados, abotagados y sin expresión, sin que los rigores de la edad hayan mermado un ápice; me producen escozor y nada de solidaridad, las mujeres con los senos de plástico, redondos y en la garganta,  sobrellevando infecciones,  drenajes y quirófanos, para lograr que las quieran mas. La belleza es ese algo trascendental que conmueve positivamente el alma y los sentidos a partir de una morada interior construida y de una actitud digna. Amo mis arrugas, me las gané en franca lid caminando la vida, me siento bella cuando hago conmigo lo que toca, y lo hago porque sé del horror de sentir que soy Mr Hyde.

El despertador que quiero cada mañana es el canto del gallo, la casa que quiero tiene humo en la chimenea y alma, para comer lo natural y orgánico, para beber agua del reservorio que olí, sentí y degusté hace unos días en la Montaña del Oso, para compartir, aquellos que saben que las cosas valiosas no las venden en los almacenes, para amar, a Clemencia, sin este prerrequisito, poco es lo que puedo hacer en la materia y si de pareja se trata, una que converse delicioso, abrace con ternura y pasión y se tienda conmigo sobre el pasto a mirar la estrellas.







domingo, 29 de mayo de 2011

Vivir con un artista o caminar por la cuerda floja


Leonora y Max captados en un instante fugaz
La muerte de esa mujer única que se llamó Leonora Carrington, quien encarnaba el surrealismo mismo, su constante búsqueda y su permanente huída, removió en mi conciencia instantes lúcidos e instantes enajenados que le dieron color, pasión, emoción y aprendizaje del bueno a mi vida. Volver a verla junto a Max Ernst, me recordó que el genio del artista es una delicia para el público y no pocas veces un tormento en la cotidiniadad. Entiendo perfectamente que recurriera a un charlatán de marca mayor como Jodorowsky, actor, guionista y director de cine de segunda, metido a terapeuta finalmente, inventor malhadado de una entelequia densa e indigerible a la que llamó psicomagia, que servía de paliativo y distracción para la depresión que la aquejó siempre, después de la partida de Max Ernst.

Me reí de mí misma, que es uno de mis deportes favoritos, al recordar que en alguna época, llevaba en mi cartera una novena rota a San Marcos de León, patrono de imposibles, un curso de meditación en la luz, un libro de budismo, una biblia, el manual de ejercicios Chi Kung, consejos del Tao y una camándula reventada,  a ver que me daba resultado para calmar revueltas emociones. Me complace que esta búsqueda, fiel a mi estilo de conocer las cosas de pisadas y no de oídas, a fuerza de reflexión y razón,  desembocara en un agnosticismo, a veces recalcitrante, que me llevó a aceptar mi finitud y la impermanencia del vivir.
Jeanne Hébuterne o la desesperación misma 

Mujeres de artistas y mujeres rotas, depresivas e insatisfechas, han sido constante de la historia; algunas me harían coro, además de Leonora Carrington: Camille Claudel, Jean Hébuterne, Beatrice Hassting, Alma Mahler, Saskia Rembrandt, Anna Magdalena Bach, por nombrar solamente la artillería pesada de la frustración. Max Ernst llevaba a la depresión, el disoluto y encantador Amedeo Modigliani junto con Auguste Rodin, a la locura, Mahler, Rembrandt y Bach al total aburrimiento y otros, a todas las anteriores. Algunas poseían genio propio, otras daban sumisa compañía y el resultado era el mismo……había que salir corriendo.

Puedo decir, asumiendo un mínimo riesgo de equivocarme, que hay dos momentos gloriosos en la convivencia con un artista, el de la deslumbrante llegada y el de la necesaria partida. Arriban a la vida femenina con la innegable luz de su genialidad, de su ternura, de su sensibilidad y se marchan con sus silencios y su incapacidad de compromiso, pero experimentarlos, bien vale una depresión.

Yo misma captada por el pintor Grégoire Ferland en un dia de vino y rosas
Y catarsis sin confesión, no es catarsis: cuando cosecho en la huerta de La Enramada, cuando oigo esa mágica aria de Sansón y Dalila de Camille Saint-Säens, “Mon coeur s´ouvre a ta voix”, cuando reparo de nuevo en sus obras llenas de luz y de sombras, cuando me siento en la playa y juego con la arena, cuando mi cama me parece muy ancha, cuando suenan las campanas, cuando cuido un potrillo, cuando veo películas de los hermanos Cohen, cuando leo a Andre Gide o cuando oigo a Leo Ferré, cuando preparo mousaka, lechuga a la Ferland, minestrone o como bananitos amarillos y pecosos, tengo la tentación de sentirme culpable por no haber corrido el riesgo planteado:  “Clemence, cherie, podré ser siempre tu compañero pero nunca un esposo convencional” y yo cobarde, sabiendo cual era el precio, salí a mil y fui tan afortunada que me encontré conmigo misma.




viernes, 1 de abril de 2011

DE CORRUPCIONES, CORRUPTOS Y OTRAS INFELICIDADES.

"El dinero ha aniquilado mas almas que el hierro cuerpos"
Francis Scott Fitzgerald (1896-1940)

Mientras la sociedad es laxa y permisiva con estos ejemplares de la fauna nacional e internacional, el Diccionario de la Real Academia es bastante duro, porque corrupto no significa otra cosa que dañado, perverso, torcido y si seguimos desmenuzando el significado semántico de estas palabras, tendremos que dañado es malo y corroído; será perverso aquel que corrompe las costumbres, el medio, el estado habitual y sano de las cosas y así podríamos ad infinitum, ahondar, en lo que para la comunidad son estos seres infectos de indignidad, que orondos se pasean, mirando burlonamente a los pobres parias que somos los demás.

Me pica hoy la viperina lengua para decir nombres y sobre todo apellidos, porque son clan, jauría, tienen el mismo código genético, pero triunfo sobre ese deseo por dos razones: la primera, no merecen sus nombres estar en este blog, yo los sanciono con mi desprecio y la segunda, no pude triunfar sobre un aire de arrogancia y pretendo, por lo menos aproximarme, a algunos breves escolios sobre la corrupción, por una única razón: ofende a toda la comunidad y la hace infeliz. 

Un solo ejemplo al canto: nos tienen caminando entre el barro, el desorden, la inseguridad, el caos, la destrucción, la ignominia, la desconfianza, la impotencia, la desigualdad ¿Qué mas queremos?, ¿Qué mas esperamos? Invito a la protesta civil para imponerles la sanción más efectiva: la sanción social de no admitirlos, despreciarlos, darles la espalda, denunciarlos y todo ello en nombre del bien común que pisotearon.

No mas podridos aliados
No estoy hoy de maniquea, ni mas faltaba; detesto esa falsa división entre buenos y malos; esa absoluta y escolástica clasificación que nunca se da en la realidad. Observando y sobre todo aguantando ese fenómeno social de la corrupción, comentándolo con personas evolucionadas y por tanto dignas, he llegado a la conclusión que estos seres, cuyo único dios es el dinero y el poder, están seriamente enfermos del alma. Haciendo eco de la definición gramatical, están realmente dañados, tienen agusanada el alma y cerrada la conciencia, corroídos, necesitados de ayuda, pero en apartado sanatorio, porque para decirlo en lenguaje parroquial, figurado y gráfico, nos pegaron las ladillas, nos manosearon,  envenenaron la sopa y nos dejaron sumidos en el irrespeto.

Dicen los que saben que para los enfermos del alma, la única salvación es que toquen su propio fondo y resuelvan parar, reflexionar, pedir ayuda y retomar el camino hacia la excelencia humana. Pues a darles la oportunidad que lo hagan en la Modelo, en la Picota, en Cómbita, en el exilio, en la ignominia, donde sea, pero que se den cuenta que son seres dignos, que son algo más que estómago, vísceras y bolsillos, algo más que seres que defecan.

Los males sociales, necesitan remedios sociales; solo la permisión, la ignorancia, la indiferencia, los complejos, son el caldo de cultivo para que los corruptos oreen su insanidad mental en el ágora, salgan en las revistas  del corazón y sean  orgullo para anfitriones y arribistas, banqueros y prestamistas, pendejos y esnobistas.
Templemos la cuerda floja por donde caminan

Si queremos construir felicidad social, nos corresponde a punta de desprecio y ley, extraditar a los corruptos a su propio Gulag.

A soto voce les comparto un secreto: el dinero puede ser un útil servidor o un tirano, es cuestión de escoger.